Las ingestas compulsivas tienen dos rasgos característicos: la gran cantidad de alimentos ingeridos durante la ingesta y la sensación de pérdida de control.

Un episodio de ingesta compulsiva se caracteriza por comer en un período discreto de tiempo (por ejemplo, en unas dos horas) una cantidad de comida que es claramente superior a la que comería una persona normal en un período similar en circunstancias parecidas, y por tener una sensación de falta de control sobre la ingesta durante el episodio (por ejemplo, la sensación de que no se puede parar de comer o de que no se puede controlar la cantidad de comida que se ingiere).

La comida habitual en una ingesta compulsiva suele basarse en alimentos que la persona tiene “prohibidos” (alimentos con muchas calorias).

Estos episodios compulsivos generalmente se asocian con otros problemas psicológicos o sociales. Estas personas suelen tener un perfil de baja autoestima, tendencia al perfeccionismo, pensamientos dicotómicos (todo o nada), algunas de ellas tienen un trastorno del control de los impulsos. Estos aspectos serán objeto de valoración psicológica.

La experiencia de clínicos e investigadores demuestra firmemente que la verdadera esperanza para las personas con problemas de ingesta compulsiva se centra en el tratamiento psicológico. Concretamente la terapia cognitivo-conductual, puesto que sus elementos cognitivos se dirigen a los aspectos cognitivos de estos problemas (la preocupación extrema del peso y la figura, el perfeccionismo, el pensamiento “todo o nada” y la baja autoestima), mientras que sus componentes conductuales se dirigen a abordar los hábitos alimentarios contraproducentes.