Eres mío

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      Soy tu prostituta de a ratos, adorable reina de tu noche. Por favor evita llamarme por mi nombre, nunca me pidas exclusividad. Eres mío pero yo soy de muchos, ni te imaginas cuantos me han tenido. Llevas tiempo, quizá tanto tiempo, dependiendo de mí. Me probaste como un juego, te gustaba a otros imitar y te dejaste llevar. Durante un tiempo me controlaste, hasta que yo empecé a controlarte a ti. Ahora no ves vuelta atrás.      Odio la libertad de las personas, aquellas que no dependen de nada. Me enamoro de los esclavos y los esclavos lo hacen de mí. Cuando oigo tu intención de dejarme a veces, me río a carcajadas. Tantas veces lo dices, al final nunca nadie te cree, ni tú mismo. Soy poderosa, sé que no serás capaz porque estás enganchado a mí. Confío ciegamente en tu capacidad para mentirte y mentir a los tuyos. Cuando te auto engañas por mí me siento tan orgullosa de ti.

      Respondo cuando me llamas por distintos nombres, fruto de marketing y modas, te gustan tanto las modas y el aparentar. Ese mágico ritual a solas entre tú y yo, mirándonos a los ojos. Pareces tan seguro ante los demás, tan alegre, tan locuaz, tus pupilas dilatadas, tus amigos y mi baile. Os coméis el mundo queridas fachadas de papel, pero te conozco mejor que nadie. Si me utilizas para fiestas, siempre estoy en tu pensamiento, en el fondo no disfrutas porque no eres libre. Tu interior me llama, tu intención es mía. Tienes que ocultarte para tenerme, soy el bastón con el que caminas hacia el precipicio que te niegas a ver una y otra vez.

      Me cortas, me rayas… Me pone cuando me inhalas por la nariz, tus débiles membranas nasales se rinden enseguida a mis pies y me abren de par en par la puerta a tu torrente sanguíneo. A veces me fumas, no te basta un veneno, que haces que acompañe a otros hasta tus pulmones, donde tu sangre indefensa nos absorbe juntos para navegar con rumbo definido hacia tu cerebro y sistema nervioso. Cómo olvidar a mi compañero Alcohol, aliado y amigo en cientos de tus batallas. Él se encarga de abrirme paso porque, ¿sabes una cosa? entre tú y yo, le he dado órdenes de que dispare tu impulso de consumirme, la verdad es que es tan obediente y efectivo como tú.

      Soy de los estímulos gratificantes preferidos que excitan ciertas regiones de tu cerebro generando más dopamina de la que tú, triste y sólo, eres capaz. Creándote tu ansiada sensación de euforia, tu “subidón”. Tanto me consumes que tu cerebro finalmente se acostumbra a mí. Eres el mejor maestro enseñándole que necesitas tenerme, tú mejor que nadie sabes para qué. Después tu cerebro como buen y fiel alumno te lo recuerda una y otra vez en esas situaciones futuras, es el precio: mi deseo, tu condena. Tengo el poder de abrir muchas de tus puertas secretas y ocultas, también la que nunca quisieras abrir, la de la “Tolerancia”. Entonces sucede que empiezas a necesitar más cantidad de mí. Cada vez con más frecuencia para obtener el mismo “placer” que me sacabas cuando, ¡qué tiempos aquellos!, nos conocimos por primera vez y nos enamoramos.

      Suena a triste. Cuesta creerlo, pero necesitas de mí para sentirte bien, para aguantar más, para rendir más. Me necesitas para olvidar tus problemas. Incapaz de manejarlos vuelves una y otra vez a por mí, tu salvación, toda tuya de problema en problema, de fiesta en fiesta. Sé que te encanta esa sensación que dura lo que tardo en morir en ti. Me deseas una y otra vez y después… esos momentos tan temidos, tus  bajonas, la suciedad. Hacerte saber que no soporto tu arrepentimiento y odio hacía mí tras tantas noches de compañía cómplice. A veces, juegas frente al espejo con tu “intención de” y con tu cobardía, y al final siempre te ganan la partida. Nunca reconoces mi problema, eso te honra. Sigue tentando a la suerte de tenerme. Eres mi héroe Darling, me mantienes contra viento y marea. Te importan un carajo mis consecuencias. Total, si los quirófanos son excepcionales rincones de pensar, si finalmente vuelve a sonar de nuevo la flauta de la vida…

      Lo sospechabas y te lo confirmo, en esa montaña rusa a la que te subes conmigo tenemos más compañeros de viaje. No entiendo tanto interés en hacerme crecer desde que soy hoja hasta llegar a ti. En ese largo trayecto me acompañan matarratas, cafeína, polvo de talco, azúcar, fármacos y combustible entre otras muchas sustancias químicas usadas por la industria. Paso por tantas manos hasta las tuyas, que a veces solo me tienes pura al 5%. Aun así, te lo agradezco en el alma, no puedes vivir sin mí. Ya ves que paradoja, cuando constantemente brindas por tu salud, aparte de mí, saludable reina blanca, ni te imaginas la cantidad de basura que introduces en tu cuerpo, ese templo tan sagrado con el que te mueves por la vida. Decirte también que puede que haya días que no me tengas, que tus euros se agoten hasta el próximo sueldo, que nadie te fíe, que te den la espalda. No te preocupes, no me pondré celosa si te vas con otras, pero piensa un poco en mí.

      Soy el afrodisíaco de tu impotencia sexual. Me importan una mierda tus impulsos y descontrol cuando me adueño de ti. Tu ansiedad, depresión e insomnio. Tus hemorragias nasales y tu tabique. Tus arritmias, tus infartos, tus paradas respiratorias. Tus brotes psicóticos, tus delirios, tus locuras. Y por supuesto no me importa tu suicidio o tu muerte, porque siempre habrán otros detrás de mí. No me hacen temblar ni tu no llegar a fin de mes ni tú probable ruina económica. Me siento tan orgullosa cuando pides prestado para tenerme, soy tan importante para ti… Pero déjame decirte que mi misión es hundirte en la puñetera miseria, eso sí, el ritmo de tu naufragio lo voy a marcar yo. La que manda sobre ti.

Por cierto, disfruto con tus lágrimas tras jugar conmigo a la ruleta rusa. Me encanta tu aroma a masoquismo y a víctima cuando tus muros comienzan a derribarse. No me conmueve la tristeza profunda de tus padres y hermanos, la de tu pareja, tus hijos y la de tus amigos de verdad. Todos, tan importantes para ti, víctimas también, testigos y espectadores en primera fila de tu declive. Permíteme decirte todo esto, no me importa, porque te deseo y sé que tú me serás fiel. Te quiero cada vez más, no me abandonarás. Tengo secuestrada tu capacidad de reacción, tu voluntad, tu fuerza, tu libertad…

      “Yo controlo”, “por una no pasa nada” te decías una y otra vez. No pudiste predecir hasta dónde llegaríamos tú y yo. Continúas deseándome, me encanta, pero las pesadillas, perdón los sueños, a veces se hacen realidad. La profecía normalmente se auto cumple. Te quedaste sólo en ese paisaje de futuro, que deseo por mi interés lejano, aunque no te lo garantizo. Miras hacia atrás, montañas blancas que escalaste, campos de ceniza hoy lo que ayer fueron cientos, miles de billetes. Sueños y proyectos que fundiste y quemaste. Tocaste fondo. Y allí estaba tu silueta vacía, frente al espejo de tu conciencia, si es que algo te queda de ella. Allí tus seres queridos, estatuas de sal, corazones rotos. Surcos de lágrimas y miradas tan tristes, perdidas en el horizonte gris que te empeñaste una y otra vez en dibujar.

      Los que me venden confían ciegamente en mí para mantener su tren de vida. Saben que eres muy débil, que a cada poco los llamarás usando ese lenguaje en clave tan peculiar, ¡qué emocionante ayudar a esquivar la ley!. Les llevaras tu sueldo, tus ahorros. Viven a costa de tu esfuerzo, trabajo y sudor, sólo les importas por tu bolsillo. Gracias a ti montan imperios, brindan por tu existencia, por tu próxima llamada. Saben que tienen el control sobre ti…

      Por último, decirte que siempre fuiste bastante predecible, a pesar de todo nunca me fallaste. A estas alturas no tienes ningún secreto para mí. Mírate. Hasta aquí tu viaje, hasta hoy tu vida, una sola vida. Sigue esperando esclavo mío y susúrrale convencido a tu vida que jugarás una segunda parte. Mientras, yo estaré esperándote, confío plenamente en los frágiles muros de tu coraje…

Tuya, eternamente…

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